Hoy, más alto y más largo. La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Houston
presenta esta serie sobre las máquinas que mueven nuestra civilización, y las personas cuyo
ingenio las creó.
Los rascacielos y puentes- cruzan, alcanzan, imponen récord, tratan de
decirnos algo acerca de nosotros mismos. Los monumentos y las iglesias más altas habían
llegado a poco menos de 500 pies de alto en el siglo XVII. Nada cambió hasta 1885, cuando dos
estructuras comenzaron una acelerada carrera de altura.
El Monumento Washington pasó ese límite
de 500 pies para convertirse en la estructura de mampostería más alta. 1885 fue también
el año en que en Chicago se construyó el primer
edificio con armazón de acero, y esto cambió el juego radicalmente. En adelante los rascacielos
competirían en altura y se abandonó la construcción de edificios de mampostería a
altos niveles.
Texas reclamó de nuevo su derecho a presumir con el Monumento San Jacinto. Pero éste se edificó
con concreto armado, no de mampostería, y por lo tanto más parecido a un rascacielos.
Para entonces, hasta los rascacielos habían terminado su competencia por alcanzar las nubes. Crecieron
rápido después que la Torre Eiffel grandiosamente
demostró lo que que se podía hacer con estructuras de acero. En 1913 se construyó en Nueva York
el edificio Woolworth de 800 pies. Aún existe, a unas cuadras de donde existiera el World Trade Center, arrasado
por el terrorismo. En 1930 el Edificio Chrysler se erigió como el edificio más alto del mundo. Mas tan
sólo un año más tarde el Edificio Empire State se llevó el record. Pero esta vez no lo
superó ningún rascacielo hasta que lo dominaron las torres del World Trade Center 40 años más
tarde.
La historia de los grandes puentes es similar. Como los rascacielos, se construyeron a medida que se perfeccionaba
la confección del hierro y el acero. En 1799 El Puente de Hierro de Telford en Shropshire fue el primero cosntruido
con hierro británico mejorado. Medía solo 100 pies de largo, pero los nuevos metales ferrosos impulsaron los
puentes a competir en la expansión sobre las aguas.
En 1874 Eads terminó el Puente de St. Louis sobre el Mississippi.
Nueve años más tarde el Puente de Brooklyn se extendió
dos veces más largo. En 1890, fue en Escocia, el Puente del Fiordo de
Forth de 8.000 pies. Y el Puente Golden Gate lo sobrepasó en 1937.
Pero, así como sucedió con la construcción de rascacielos, la Gran Depresión de 1929 frenó a
la construcción de puentes. Lo enorme perdió su atractivo [dejó de maravillar. Nos vimos motivados por la
soberbia humana tanto como por las necesidades humanas.
El siguiente auge, fue en la década de 1960, provocado por el Puente Verrazano Narrows, el World Trade Center, ambos en
Nueva York, y la Torre Sears de Chicago. Un nuevo auge en los 90 dio como resultado las Torres Petronas en Kuala Lumpur, el gran
Puente Akashi-Kaikyo de Japón y el Puente de Oresund entre Dinamarca y Suecia.
Todos son admirables menos por su dramática manifestatción que por la esperanza y el brío que expresan. Por
supuesto que reflejan altivez pero el orgullo y la esperanza van de la mano. En estos tiempos desalentadores en que vivmos debemos
recordar esto. Imagínense estar maravillados ante un edificio resplandeciente o un puente tan imponente que no podemos divisar
a las personas al otro lado. Pero están allí, disfrutando el mismo despliegue dramático, poniendo sus esperanzas
a la altura del potencial para construir una vida mejor.
Soy Aymará Boggiano este es otro episodio de Las invenciones de nuestra inventiva, de John Lienhard en la Universidad de Houston, donde nos
interesa el proceso de nuestra fecunda inventiva.
(Tema musical)
Los datos estádísticos detrás de este episodio se pueden encontrar en la web. Para más información
acerca del surgimiento de estructuras altas en los1880, vea: J. H. Lienhard, Inventing Modern: Growing up with X-Rays, Skyscrapers,
and Tailfins, New York: Oxford University Press, 2003, Especialmente los capítulos 6 y 7 .
El World Trade Center y el edificio Woolworth, Aug., 1999.
(Photo by John Lienhard)
The Engines of Our Ingenuity is Copyright © 1988-2003 by John H. Lienhard.
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